Respuesta al bando del Ayuntamiento de Puerto Lápice el 10 de abril de 2026
Agradecemos al Ayuntamiento su bando. No todos los días una plataforma vecinal consigue más de 400 firmas en 24 horas y, además, una reacción institucional tan rápida. Algo habremos hecho bien, o algo no se debe estar haciendo mal.
Y es que puede que nuestro ayuntamiento esté lleno de buenas intenciones pero éstas se quedan en eso, en intenciones. Dice el bando que se ha generado “alarma social”. Conviene puntualizar: la alarma no la genera quien lee el proyecto, sino el propio proyecto cuando se lee entero. Porque una cosa es hablar de “mantener el carácter” de la plaza y otra muy distinta aprobar una actuación que prevé deconstrucción, nuevas cimentaciones, pilares de hormigón armado, losas de hormigón, soleras de hormigón, madera laminada GL-24, canalones de zinc-titanio y cubiertas completamente nuevas. Eso no es una reparación puntual; eso es otra cosa.
También se nos dice que Cultura y Patrimonio no han hecho objeciones. Magnífico. Pero el propio proyecto reconoce literalmente que queda pendiente el estudio previo del arqueólogo autorizado y que la memoria histórica y arqueológica preceptiva indicará esos datos, razón por la cual no se incorporan en esa memoria. Es decir: se nos pide fe ciega en que todo está perfectamente valorado mientras el propio documento admite que esa parte no está incorporada. Muy tranquilizador, desde luego.
El bando insiste en que la plaza no tiene antigüedad suficiente para considerarse patrimonio. Curiosa forma de entender el patrimonio en un pueblo: como si el valor de un lugar dependiera solo del año del catastro y no de su valor simbólico, urbano, colectivo e identitario. De hecho, el propio proyecto reconoce que la plaza es “uno de los espacios más característicos del pueblo” y que nace de la iniciativa popular y del espíritu colaborativo de sus vecinos. O sea, patrimonio emocional, urbano y social cuando interesa para el relato; construcción “actual” de 1977 cuando interesa para justificar su sustitución.
Se dice también que nadie quiere destruir la plaza. Estupendo. El problema es que el proyecto sí contempla “deconstrucción de elementos constructivos”, nuevas cimentaciones, reconstrucción de soportes, pilares, losas de escalera y forjados sobre viguetas de madera con estructuras de hormigón armado, además de la renovación de todo el sistema estructural. Cuando uno desmonta, retira, demuele por fases y reconstruye con otros materiales, quizá no lo llame “destruir” en el bando, pero en el proyecto se parece bastante.
Y aquí está una de las claves que el Ayuntamiento evita: lo aprobado no es “arreglar lo que está mal y conservar lo que da identidad”, sino sustituir buena parte de la lógica constructiva actual por una nueva. El proyecto prevé retirar la baldosa de barro existente para ejecutar una nueva solera de hormigón armado con fibras, incorporar pavimento de hormigón, canaletas de drenaje de hormigón polímero, canalones y bajantes de zinc-titanio, cubrición de teja curva nueva modelo Florencia sobre onduline, y estructura de madera laminada de abeto tratado. En resumen: menos plaza tradicional y más catálogo contemporáneo disfrazado de parecido.
Además, el propio documento incurre en una contradicción difícil de mejorar: por un lado afirma que “se mantienen los acabados actuales de la plaza”; por otro, detalla la retirada del solado de baldosa de barro existente, la ejecución de nuevos pavimentos de hormigón, nuevas cubiertas, nuevos canalones, nuevas bajantes y nuevas piezas estructurales de madera laminada.
En ningún caso el uso de materiales modernos queda justificado por sí mismo. Que hoy se pueda construir con hormigón armado, madera laminada, zinc-titanio, onduline o canaletas prefabricadas no significa que deba hacerse así en un conjunto con una imagen histórica, popular y reconocible como la Plaza de la Constitución. La seguridad estructural debe resolverse con criterios de mínima intervención, compatibilidad material, reversibilidad y respeto a la imagen y textura del conjunto, no aprovechando el problema estructural como excusa para imponer una estética nueva. Tener tecnología disponible no obliga a usarla donde no corresponde.
Porque ese es el fondo del asunto: no discutimos la necesidad de actuar, discutimos qué se ha aprobado exactamente. Y lo aprobado no es una consolidación discreta ni una restauración fiel, sino una reconstrucción parcial con materiales, acabados y soluciones que alteran de forma sustancial la autenticidad visual y constructiva de la plaza. El propio título del documento lo deja claro: “Reconstrucción y renovación”. No “conservación”, no “rehabilitación puntual”, no “restauración compatible”. Reconstrucción y renovación. Conviene llamar a las cosas por su nombre, ya que el Ayuntamiento nos invita a ser correctos.
Tampoco ayuda demasiado que se pretenda presentar como opción responsable la amenaza final del bando: o se acepta el proyecto o se declara la ruina, se perimetra la plaza y se prohíben actividades. Una forma muy pedagógica de fomentar la participación ciudadana: si discrepas, cierro la plaza. Más aún cuando en fechas recientes la propia plaza ha seguido acogiendo actividad pública y eventos, algo difícil de conciliar con un relato de inminente imposibilidad absoluta de uso.
Nuestra postura es simple: sí a una intervención seria, sí a la seguridad, sí a consolidar y reparar; no a convertir la plaza en una réplica de sí misma hecha con hormigón, madera laminada, teja nueva industrial y canalones grises visibles. Porque cuando a un lugar se le cambia el suelo, la estructura, los acabados, la cubierta y los detalles constructivos, no se está “salvando su esencia”: se está sustituyendo por una versión nueva. Y eso, por mucho bando que se publique, sigue siendo la realidad de lo aprobado.